La historia del Sultán que naufragó
La otra noche, después de un atracón de pizza tuve un sueño bastante interesante, estoy comenzando a pensar que esto de los sueños reveladores después de intoxicaciones alimentarias es algo innovador.
Se trataba de un sultán que naufraga en una isla desierta con su harem, no recuerdo el número de mujeres, pero se veían como “muchas”, era un sueño…
Lo primero que recuerdo era su cara, él, solo entre ellas, el momento justo antes de querer decirles su primera palabra, ellas muchas, él, solo, él, sultán, ellas, harén, él, gobernante, ellas algo así como esclavas (lo sé, es más complicado que eso, pero ese era el sentimiento en mi sueño).
De repente alguien estaba dando su opinión. “Tiene miedo” escuché, “ahora no tiene ningún poder”, y de hecho yo también lo pensé al ver su rostro, esa duda en sus ojos, justo antes de decir quién es ahora, si en realidad pensaba si hay una diferencia.
¿Era una película? ¿Un debate? ¿Un hombre sencillo que lucha con su mortalidad después del terrible impacto de darse cuenta de su propia fragilidad? ¿Un psicópata con un complejo megalómano que planea su siguiente movimiento para mantener su posición de poder? ¿Una víctima de su propia historia, de la sociedad en la que nació? ¿Un simple títere de las fuerzas del poder detrás, incapaz de entender sus privilegios concedidos? ¿Un cínico tratando de encontrar una salida a su plan fallido? bueno, tal vez un poco de todo eso, o mucho.
Lo que me atrapa más, es la extrapolación básica que se puede hacer, un caso simple en el que la estructura de poder, las clases, los roles, etc. pueden borrarse o mantenerse porque sí, y digo, porque sí. En un segundo las mujeres pueden ahorcar al sultán, ponerlo a trabajar, mantenerlo como mascota o animal de trabajo, etc. o, temerosas de Dios, la situación después de un posible rescate, etc. Las mujeres pueden perpetuar el estatus de sultán de una u otra forma (sé que está terriblemente binario, pero valga para unos minutos de sueño, si es que no, unos segundos).
Y así la sociedad va dando vueltas, en países, ciudades, pueblos, familias, negocios, escuelas, etc. todos considerando la posibilidad de una sociedad patriarcal perpetua y cómo sobrevivir en ella, o por otro lado tratando de avanzar sobre los restos de un sistema patriarcal que está podrido y cayendo, empujando para finalmente enterrarlo.
Todas estas diferentes percepciones de lo que está pasando, dan lugar a una cantidad increíblemente grande de tramas y estrategias para la supervivencia, sí, la supervivencia. Todos tratamos de desenvolvernos en este mundo de acuerdo a cómo percibimos las reglas, la posición relativa en la que nos vemos y las acciones que creemos necesarias para quedarnos o movernos de donde creemos que estamos.
Sí, lo sé, ¿dónde están el sueño y el sultán? Bueno, tristemente en mi sueño después de esa primera mirada de perdido del Sultán, todo se convirtió en un lío, una sucesión de imágenes, discusión, posibilidades, que seguían iterando.
Así que he estado pensando en todos estos asuntos, y no puedo encontrar una conclusión simple, puedo identificarme con la mayoría de nosotros, tratando de llevar nuestras vidas en esta sociedad llena de incongruencias, pero tiendo a llegar a la misma conclusión, libertad y verdad, ambos conceptos: escurridizos y subjetivos como son, por malvados y santos que sean, con tantas vidas dedicadas o cegadas en su nombre.
Y el amor, el que al final debería prevalecer, quizás otro tema furtivo, pero, probablemente un poco más claro, digo, el amor como materia, como esencia, debe abrazar la vida, la libertad, la alegría, la empatía, el respeto, el crecimiento, y mucho más. Y pienso, ¿no es un buen parámetro para delimitar la verdad y la libertad, por ideales que sean, por manipulables que sean, si tenemos que fracasar, no es mejor fracasar con el amor como premisa que en el nombre de alguna otra premisa? El verdadero amor no conoce fronteras, identidades, géneros, colores, idiomas, edades, etc.
Tal vez todos deberíamos empezar a aprender a amar primero y luego lo demás, porque con todos los “amores” equivocados metiéndose bajo nuestra piel desde el momento en que comenzamos pensar, no estamos mejorando como personas y mucho menos como sociedad ¿Cuándo podremos amar primero a las personas, primero a la vida, primero a la naturaleza? y no, el dinero, el poder, los artilugios, el estatus, etc… El amor no es miedo, ni creo en arreglar el uno con el otro, por humanos que sean ambos sentimientos no los deberíamos mezclar.
En esa peculiar sociedad, una isla con un nuevo comienzo, ¿cuál debe ser la premisa? amor o miedo?